Un camino que continúa

Es el camino que nos ve recorrer a lo largo de toda la vida. Es la historia de la fidelidad humilde y cotidiana a la propia vocación: una larga y hermosa historia, no exenta de dificultades y caídas, pero sostenida por la presencia del Señor, el Dios fiel, y por la ayuda fraterna.

En nuestro camino diario de fidelidad, deseamos crecer cada vez más en la:

fidelidad humilde
  • Mirar al pasado con gratitud: acoger el don que nos viene de la Madre Fundadora, a través del testimonio de un carisma encarnado, vivo y vivificante, capaz de transformarnos de nuevo para acoger el desafío que nos presenta este «cambio de época» nuestro.

  • Vivir el presente con pasión: creciendo en un proceso de pertenencia gradual y mutua -al Señor y entre nosotros- en el que hacemos visible el poder y la belleza de la obra del Espíritu Santo.

  • Abrazar el futuro con esperanza: una esperanza «fundada en Aquel en quien hemos puesto nuestra confianza» y que permitirá a la vida consagrada seguir dando buenos frutos en el futuro, hacia el que estamos llamados a mantener dirigida nuestra mirada.
    Abrazar el futuro con esperanza es acoger un desequilibrio hacia adelante, hacia un desconocido que todavía no nos pertenece, y experimentar juntos la posibilidad y la capacidad de activar procesos transformadores para responder con sabiduría a las cuestiones de sentido y de vida de este tiempo.

Explora el camino hacia la vida religiosa con nosotros.

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