El alma de la misión

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En el momento de su milagrosa recuperación de una enfermedad que ponía en peligro su existencia de veinteañero, recibió no sólo el don de la vida, sino la preciosa visión de la dirección que había que darle. 

La curación restituye no sólo la vida sino la vida con sentido: una clara dirección de movimiento que implica el servicio al otro y su crecimiento en humanidad, salir de sí mismo es el lenguaje más bello para gozar de la misericordia recibida y hacerla todavía operativa en la historia con un decidido y gozoso movimiento de restitución,la misión es así percibida y ofrecida como alabanza, no como algo que hay que hacer sino como expresión sorprendente y estimulante de la identidad.

Del yo cristiano sano, alcanzado y moldeado como arcilla por la fuerza del espíritu, se convierte en el soplo que sostiene una acción hecha de ayuda concreta y perseverante a los pequeños a todos aquellos que por muchos motivos pueden ser acompañados a asumir la estatura de Cristo…

Al igual que en el Bautismo, en nuestra misión Fmnj somos al mismo tiempo resucitados con Cristo y enviados por Él a proclamar su victoria sobre la muerte y a servir a la vida, especialmente a la vida herida, disminuida, empobrecida, necesitada de crecimiento.