Evangelio

"La Regla y vida de los Hermanos Menores es ésta: observar el santo Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, viviendo en obediencia, sin nada propio y en castidad".

Francisco desea para sí y para sus hermanos una vida impregnada y transformada por el encuentro con ese rostro que es Evangelio, Buena Noticia para el hombre: el rostro de Jesucristo que sirve, cura y salva. San Francisco, por tanto, no ve el Evangelio como un libro que hay que leer, sino como una relación en la que hay que desarrollar toda la vida, una relación totalizadora que enriquece, hace libres y capaces de recibir y dar amor.

La Madre María Giuseppa recogió el legado espiritual de Francisco y lo transmitió a sus hijas con el mismo vigor:

...únicamente para hacer la Voluntad de Dios de observar una regla basada en el santo Evangelio y atraer almas a Dios, que consagrándose a la observancia de la misma regla trabajen por el bien de las pobres hijas huérfanas del pueblo. Para sostener esta misión estoy dispuesto a dar mi vida, sin poder ceder a ninguna otra propuesta. Es Dios quien lo ha querido, sin mérito mío.