El mes de formación intercultural concluyó hace unos días. Durante este mes, su grupo se había dado un nombre: «Esperanza Cierta». Aquí, antes de partir, su agradecimiento:
Reverenda Madre General y Consejo, apreciadas hermanas de la comunidad de Roma:
Con profundo agradecimiento y alegría en el corazón, queremos expresarles nuestra más sincera gratitud por este mes de formación que tan generosamente nos han regalado. Ha sido un tiempo de gracia, de crecimiento espiritual y humano, en el que hemos podido beber de la riqueza de nuestro carisma y de la sabiduría que brota de una vida entregada al Evangelio, al estilo de San Francisco y Santa Clara.
Nos sentimos inmensamente bendecidos por la oportunidad de recorrer y conocer los lugares franciscanos, esos espacios cargados de historia, fe y testimonio, donde nació no solo una espiritualidad, sino una manera nueva de vivir el seguimiento de Cristo. Visitar estas tierras sagradas nos ha permitido profundizar en nuestras raíces carismáticas y redescubrir el llamado que Dios nos hace como familia religiosa.
Ha sido también un regalo muy grande experimentar el don de la intelectualidad. En la diversidad de rostros, lenguas y culturas, hemos encontrado un verdadero espejo del Reino de Dios. Gracias por abrirnos las puertas a un compartir fraterno, sencillo y profundo, donde cada encuentro se ha convertido en un espacio de comunión y enriquecimiento mutuo.
Con gratitud profunda en el corazón, damos gracias por la valiosa oportunidad de conocer el origen de nuestra familia religiosa, una historia tejida con la valentía, el amor y la entrega incansable de nuestra Madre, Sor María Josefa del Niño Jesús, cuya vida sigue siendo luz e inspiración para nuestro propio camino de consagración. Ha sido un verdadero gozo poder estar en L’Aquila, lugar donde nació nuestra familia y donde el sueño de Dios tomó forma a través de manos generosas y corazones disponibles. Recorrer los pasos de su fundación ha sido una bendición inmensa, un volver a casa, a nuestras raíces, para renovar la vocación que nos une y recordar con alegría y compromiso que somos hijas de esta historia santa, llamadas hoy a continuarla con fidelidad y esperanza.
De manera muy especial, agradecemos la posibilidad de haber participado en el Jubileo de la Vida Consagrada en Roma. Poder vivir ese momento de gracia junto al Papa León y tantos consagrados y consagradas del mundo entero ha sido un testimonio poderoso de que la vida religiosa sigue viva, dinámica y esperanzadora. Ha sido un impulso para seguir caminando con alegría, fidelidad y entrega.
Gracias, Madre Lorella y hermanas; Sor Rosa y sor Mabel, por su acogida, por su testimonio silencioso y fecundo, por cada gesto de fraternidad, por cada palabra de ánimo. Que el Señor les recompense abundantemente y que nuestro caminar siga siempre iluminado por el ejemplo de Francisco, Clara y de todos aquellos que han entregado su vida con alegría al servicio del Evangelio.
Con cariño y gratitud en Cristo y María,
Fraternidad: Esperanza Cierta
Grupo Intercultural
Septiembre 14 al 17 de octubre del año 2025



