18 y 19 Abril

A partir del 18 de abril, comenzó para la asamblea capitular un tiempo de discernimiento más intenso, marcado por el retiro y la oración. Nos acompañó en la experiencia de discernimiento franciscano el Padre Bernardo Molina OFMCap, ya conocido por algunas de nuestras hermanas por ser asistente de la MoReFra, y que tuvo un encuentro por la tarde titulado «Autoridad y Obediencia en la Fraternidad y Vida en el Espíritu».

Del pasaje de la «Regola Bollata» (RegB 10,1-6), se deriva que para entrar en discernimiento hay que hacerse habitación del Espíritu del Señor, es un proceso de conversión que lleva a la profundidad, a una interioridad purificada de vicios. Para san Francisco, el discernimiento es una verdadera experiencia espiritual, un camino de Sequela Christi, en el que se vive la humildad y la caridad del Señor dentro de relaciones de fraternidad y de servicio.

El 19 de abril, recuerdo de la muerte de la Madre Fundadora, la fiesta culminó con la celebración de la Eucaristía a las 18.00 horas en la Capilla del Retiro de San Antonio, donde las hermanas de las fraternidades vecinas se unieron en oración a las hermanas capitulares. Presidió la Eucaristía el Ministro Provincial de los Frailes Menores de la Provincia de Umbria y sardegna, Padre Francesco Piloni OFM.

Al comienzo de la celebración, Madre Lilia Agnese Contini le dio una fraterna bienvenida. «Estar unidos sólo a él, trabajar sólo para él, para agradar sólo a Dios y para la salvación de las almas» La Madre Lilia Agnese, recogiendo la invitación que la Madre Fundadora hizo a las hermanas, pide que ésta sea la gracia para pedir al Señor durante la celebración eucarística. La Palabra de Dios nos acompaña para desear, como nuestros santos, como Sor María Josefa, esas «cosas altas» como el Evangelio. Padre Francisco, en su homilía, señala cómo todos nosotros en la vida -como Saulo, san Francisco, la madre María Josefa…- hemos tenido una experiencia amarga… que también es dulce: la caída. A partir de ahí, nos dimos cuenta de que sólo podemos vivir con los pies en la tierra y con Jesús en nosotros. «Ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí» (Gal 2,20). A partir de ahí construimos una fraternidad hecha de confianza, un lugar sólido, donde experimentamos esa seguridad que nos permite entregarnos a lo que Dios quiere. Este es el deseo que el Padre Francisco hace a las hermanas capitulares y a cada hermana fmnj.