Dios se preocupa por la alegría de cada persona, su mayor deseo es que cada persona tenga vida en abundancia. Nuestra libertad y su voluntad se entrelazan para diseñar un hermoso camino, que cada persona está llamada a aceptar y descubrir al mismo tiempo.

¿Con qué medios? ¿Por qué medios y qué pasos? ¿Cómo se llega a ser religiosa?

vida en abundancia

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A través de un camino personal de discernimiento, que parte de la escucha de una Palabra recibida en la propia realidad, enriquecida por la confrontación con la propia vida cotidiana, la persona es acompañada a un conocimiento más profundo de sí misma y de Dios que la ama.

En la gradualidad de los pasos y en la libertad de la propia respuesta, en la confrontación con nuestra familia religiosa, puede surgir el deseo y la voluntad de continuar el propio camino en una vía más específica de discernimiento vocacional. He aquí algunas pistas para escuchar en lo más profundo de uno mismo y al Espíritu de Dios.

Saber:

¿quién eres tú? ¿quién soy yo?

En el fondo del corazón hay preguntas que no se pueden acallar. San Francisco, como apasionado «mendigo de Dios», nunca dejó de pedir al Señor que le mostrara la verdad sobre sí mismo y el rostro de Dios.

Dentro de nosotros habitan dones, heridas, deseos, condicionamientos, miedos… Debemos abrir el cofre de nuestra humanidad y aprender a acogerla. Día a día, junto a pequeños pasos de libertad y crecimiento, florecerá un canto de bendición para la propia historia.

El primer regalo que hay que recibir, la primera llamada a la que hay que responder es amar la vida, tal y como es, como un regalo, como un milagro, tal y como hizo Barbara Micarelli.

Discernir:

¿qué quieres que haga?

Se necesita confianza y un cierto coraje para no contentarse con vivir a medias, sino para aspirar a la verdadera Alegría.

Si sientes que en tu corazón hay una gran sed de Amor... estás en el camino de Francisco, que fue más allá de sus sueños y en su deseo de convertirse en caballero descubrió un deseo más grande, más aún, infinito, el deseo de amar a Dios.

Abrir el corazón a la voz del Espíritu significa ponerse en camino, abandonar las seguridades y dejar que la Palabra ilumine la propia vida.

El discernimiento no se hace solo, sino con un guía, como hizo Samuel con Elí.

Decide

¡Esto quiero!

Cuando Francisco escuchó el Evangelio y saboreó toda su belleza, exclamó: «¡Esto quiero! «

Así es: el amor no admite término medio, sino que lo pide todo precisamente porque lo da todo. Decidirse por Dios y por el Evangelio abre espacios de libertad y de don que no son fruto del mérito o del compromiso, sino que provienen de haber encontrado esa vida abundante a la que se quiere corresponder totalmente, con el don de la propia vida.

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